Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.
Aqui es un extracto
La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog fue visto cerca de 8.200 veces en 2011. Si fuese un concierto en la Ópera, se necesitarían alrededor de 3 actuaciones agotadas para que toda esa gente lo viera.
Hoy, 30 de diciembre, se cumple el primer aniversario de la partida de Bobby Farrell, integrante del mítico grupo de finales de los 70s Boney M. Aunque los temas de este grupo me traen muchísimos recuerdos de infancia (especialmente “Holiday“), si empiezo este texto recordando la muerte de Farrell es porque este aniversario de alguna forma me recuerda que hace muy poco falleció Miguel Tapia (el líder del grupo Dudó) aquí nomás, en Lima, y yo, ingratonaza, no le he dedicado ni una línea al asunto. Mal. #FAIL. Mis descargos: trabajo (seeeee, como si nadie trabajara), final del año escolar (seeeee, como si nadie tuviera hijos), falta de tiempo (claaaaaaro, esa todos la entienden), y claro, a fin de cuentas tampoco era mi amigo personal… y uf, eso sonó peor aún, lo siento.
La verdad de la milanesa es que no me atreví a escribir sobre la partida de Miguel Tapia porque… cuando nos enteramos que se fue alguien que es de nuestra generación, alguien con quien se comparten amigos comunes, alguien que salió del barrio al igual que uno, que fue líder de una de nuestras bandas locales favoritas, alguien que se atrevió a seguir adelante con el sueño de juventud de muchos de nosotros, pues… a uno se le da por recordar no sólo aquello de que nadie tiene la vida comprada, sino que cualquier día nos puede tocar “entregar el equipo”. Paréntesis: Me parece un poco tonto que se diga que “fulano no tenía que morir”, “era muy joven”, y demás frases por el estilo. La muerte es parte de la vida. Cuando llega, llega, punto. Porque para morirse no se necesitan razones, lo único que hace falta es estar vivo. Por último, como creyente, me parece que mal hacemos en pedir explicaciones o reclamar “satisfaction guarantee” a Dios por algo que nos dio gratis y sin haberlo solicitado… y además tengo por seguro que esta vida en este mundo no es la única. Igual, hay que celebrarla, y vivirla al máximo.
Pero, como siempre que algo me remueve, vuelvo a la música. Hay que celebrar la vida. Me han entrado ganas no sólo de recordar la música de Dudó, sino también de darle gusto a la nostalgia ochentera y reunir en este post algunos de mis temas archi favoritos, de entre todos los que dio la escena pop/rock peruana en esa década, que fue muy rica, musicalmente hablando, pese a la coyuntura política y económica que se vivía. Es muy difícil escoger unos cuantos temas de entre toda la enorme producción que hubo, y el único criterio de selección de temas en este post, te advierto, es mi arbitraria preferencia personal, así que no me fusilen…
Dudó, la banda de Miguel Tapia, era a mi juicio una de las mejores que dio el Perú en esas épocas, una banda que por cierto mereció más apoyo y difusión. No voy a hacerle un panegírico ni a dedicarle una oda a Miguel porque no tuve el gusto de conocerlo más que muy fugazmente cuando yo trabajaba en El Comercio… así que baste con decir que secretamente envidiaba su enorme talento para armonizar. Y que hoy, como siempre, quiero más que nunca sonreír…
En aquella época yo era estudiante universitaria, y cuando el grupo Río lanzó su “Televidente”, me sorprendió muchísimo que una canción con una letra que criticaba tan duramente a la TV lograse poner en rotación su videoclip y hacerlo tan exitoso. Los tiempos cambian: hoy en día la gente anda más enganchada a la internet y a sus smartphones que a la televisión, pero me parece que la TV sigue, tan igual como antes (si no peor), al servicio del sistema comercial. Te quieren controlar / te quieren amaestrar…
Otra banda que me encantaba y que lamentablemente tuvo una vida muy corta fue JAS. Del disco “Mueres en tu ley” salió este tema, mi favorito, “Personalidad”. De JAS me encantaba no sólo ese potente sonido que lograron, sino también la energía que transmitían en escena: incluso fueron teloneros del concierto de Indochine en Lima (1988). Eran las épocas en que Sergio Cava aún no decidía que Fiorella Cava saliese del closet. Aunque ahora, pensándolo bien, quizás sus letras dejaban ya entrever lo que andaba pensando: he decidido seriamente que me voy a rebelar /me voy a rebelar / aunque mañana piensen que me he vuelto un loco / loco loco loco locoooooo…
¡La Banda Azul! Una banda con unos antecedentes bastante enredados, de quienes lo que más recuerdo es “Pronóstico Reservado”, tema divertidísimo e hilarante hasta la pared de enfrente, y cuyo video hasta muchos no-fans recuerdan por las piernas de Nina Mutal (je, je), la misma a quien llaman so cara de dromedario en la canción. Viendo este video me acuerdo que nos vestíamos así… Y valga aclarar que la nuestra era una generación de cambios y en mi juventud la posibilidad de que las chicas “decentes” tuvieran relaciones sexuales era todavía un escándalo (y si no me creen revisen la producción de las poetas peruanas de esa época): entonces, el que se hablase de un embarazo imprevisto de un modo tan irreverente y en una canción tan jocosa, pues nos resultaba genial. Todavía faltaban demasiados años para que llegasen el perrea, mami, perrea o peor, el chupi chupi… ups, super censurado…
¡Los subtes! ¿Quién no tenía un amigo subte en los 80s? Como estudiantes de Comunicaciones todos conocíamos a uno o varios subtes, fuésemos o no fans. Yo no era particularmente seguidora de la movida subterránea, pero uno que otro tema me divertía, como La Desbarrancada, de María Teta; no se la pierdan, es una sátira mordaz y graciosísima a las niñas pitucas poseras que la pegaban de intelectuales. ¿Qué habrá sido de María Teta? Pero la banda más emblemática de esta movida, para mi gusto personal, fue Narcosis, de la cual recordamos Sucio Policía: Defiendes a los gobiernos / y políticos que están de turno / cuando ellos solo prometen huevadas / y benefician solo a sus partidos.
En los ochentas vimos las primeras etapas de Miki González. El mismo que hoy nos encanta con sus fusiones electro/folk, en aquellas épocas le entró al pop/rock, y el tema que más me gustó (porque después se fue pacharaqueando hasta que se reencontró con lo mejor que sabe hacer) fue éste, Vamos a Tocache. Además de tocar de pasadita el asunto del narcotráfico (desde ese entonces!) el video es en sí una delicia, pues creo que sigue siendo muy representativo no sólo de una época, sino de la manera de vivir de la gente en estas regiones peruanas.
Debería incluir a “Avenida Larco”, de Frágil, canción emblemática si las hay, punto de quiebre y referente obligado de toda mi generación, aunque no estoy segura de si es de los 80s, me parece más de finales de los 70′s. Sin más comentarios, el tema habla por sí solo…
Hay muchos otros temas más que debería incluir, pero para no hacer un post ya demasiado largo e intragable, me limitaré a cerrarlo con Danai, la primera mujer que en estas tierras se paró a liderar una banda en escena en aquellas épocas, y que pese a su origen chileno hizo historia en el rock peruano. Lamentablemente nos dejó muy pronto: cerramos por hoy con su Maquillaje Sensual, aquí en una versión en vivo en que muestra su calidad y fuerza como intérprete (en internet hay muchos sitios donde pueden bajar la versión de estudio en mp3, rippeada del vinilo).
Esto de ser una coffee lover a veces es un problema: creo que el 80% de veces que me sirven una taza de café, ya sea en cafeterías u otros sitios supuestamente especializados o gourmet, no quedo contenta. O no es el punto del tostado, o lo han colado muy rápido, o la molienda no corresponde a la cafetera, la calidad del café es muy ácida, o tiene demasiada agua, o es puro aroma y casi nada de sabor, o lo peor, tiene sabor a cualquier cosa menos a café… etc.
Cafecito...
Hablo por supuesto del café que todo adicto al café prefiere: puro, el expresso, o en todo caso el Americano (mezclado con agua). Porque en todas las demás preparaciones, con tanta crema, esencias, jarabes, etc., que le ponen al café que sirven, no se siente el verdadero sabor; así que en realidad no importa si le ponen café de última calidad.
Y esto lo saben bien algunas de las grandes cadenas de café, que cobran precios bastante altos con el pretexto del fair trade (“comercio justo”, idea buenísima pero que no me consta que de verdad lo apoyen) por servirnos tazas que nos entran por los ojos, decoradísimas de lujo, que quedan preciosas en la foto y que impresionan al cliente con la crema batida y la cerecita para que pague sin protestar, pero que de “buen café” no tienen en realidad mucho. Al menos no para mi gusto. Ya casi prefiero cualquier cafetín de mercado de barrio, donde al menos sabes que no te meterán cuentos, que lo que francamente te servirán es café instantáneo (o el humilde “Cafetal”): sabes qué esperar y no te decepcionas.
Prefiero de largo el café de mis caseritos. Uno me trae café de Quillabamba, y el otro me lo trae desde el valle del Perené. Y cuando no los ubico, o cuando no me pueden traer nada, hay unos cafés que venden en supermercados que son bastante decentes. No son taaaaaan aromáticos, pero el sabor es lo que cuenta (no quiero hacer publicherry a marcas, sólo diré que uno viene en bolsa roja y el otro en bolsa azul). Quedo más contenta, y sin hacer tanta alharaca consumista.
Me gusta el tostado medio, la molienda mediana, y prepararlo yo misma en mi cafetera “prensa francesa”. De este modo puedo, además, hacerlo más o menos cargado, de acuerdo a mi gusto, el momento y mis necesidades. Porque no es lo mismo las 7am que las 2pm o que las 6pm. Y porque cuando estoy en modo escribiente-creativo, puedo beberme varias tazas…
Diciembre es la época del año en la que es más fácil que las nostalgias se nos vengan encima con cualquier pretexto. Sobre todo entre quienes ya tenemos suficientes años como para haber lidiado con varias pérdidas en la vida (de todo tipo).
Es casi como si ciertos recuerdos se despertasen por voluntad propia y se pusiesen a hacernos gestos burlones: buuuuu, aquí estoy, aquí estoy, nunca me olvidarás…
No sé si eso es bueno o malo. Tampoco sé si “tiene que” ser bueno o malo. Los recuerdos y las nostalgias pueden ser la mar de alegres o el colmo de la tristeza, dependiendo de muchas circunstancias propias y ajenas: también se puede llorar de felicidad. Tengo la enorme suerte de que mis personales nostalgias pueden venir con cualquier signo, menos con el de la culpa, que suele ser uno de los más torturadores.
Prefiero quedarme con mi idea de que estas sensaciones son los recordatorios de que no me he pasado por la vida metida en una burbuja, que por algún lado caminé, que eso me ha dejado unas marcas, unos aprendizajes, una historia personal, y que todo eso es parte de lo que soy hoy… y que, si escucho a mi corazón y a mi conciencia, quizás me ayuden a fijar el rumbo de aquí en adelante. Después de todo, a estas alturas de la vida ya he aprendido que por cada cosa que se pierde, vienen otras cosas nuevas, y hay que estar listos para seguir adelante con la vida.
Sólo que a veces…
Jean y Donald.
Hace pocos días caminaba por Barranco, en muy buena compañía por cierto, y pasamos por el Paseo Saenz Peña. Hacía mucho que no iba yo por allí. La vieja casona donde pasé muchísimas horas (muchos años en realidad) ensayando y compartiendo con mis amigos, donde encontraba siempre un refugio, que fue casi mi segundo hogar, donde encontré a otra familia, es ahora un gran teatro-centro cultural. Sigue estando administrada por la misma familia: sólo que la familia ha tenido varias bajas y varios de sus miembros, los más cercanos y queridos para mí, ya no se encuentran entre nosotros.
Le dije a mi compañero, quien nunca había estado allí:
- Vamos adentro, me apetece mostrarte este lugar…
Y entramos. Era muy temprano para la función, así que no había nadie. La vieja sala de recibo, donde solíamos charlar, donde se atendía a la gente que acudía a matricularse en los cursos, también estaba vacía, porque ahora se usan esas paredes para presentar exposiciones. El lugar, y sobre todo, olor de las viejas maderas me trajo de un porrazo el recuerdo de los pianos verticales con los que ensayábamos…y todos los recuerdos se me vinieron encima de golpe.
Por breves segundos cientos de imágenes se agolparon en mi mente. Los más fuertes, los de Jean conduciendo nuestros ensayos; Juanita y sus clases de danza, siempre apoyándonos también; Donald y su hermosa voz apoyando en la cuerda de los bajos; Alex y sus clases de flauta Suzuki; los niños de los grupos Cantate, Laudate, Exultate; la preparación de cada concierto, de cada viaje con el coro; las fiestas, los cumpleaños, los ensayos para las temporadas de villancicos cada Diciembre, los respectivos intercambios de regalos…
Y mientras yo ya temblaba cada vez más, de pronto vi la puerta que divide el área pública del área privada de esa casa. Me vino un gran flashback y vi a Jean entrando por esa puerta, lista para conducir el ensayo del sábado luego de haber tomado su siesta; pero las paredes desnudas me recordaron de pronto que ni era sábado, ni había ensayo, ni estábamos en 1991, ni Jean volvería a salir por esa puerta, ni Juanita haría sus pasos de danza, ni Donald me invitaría otro café en la cocina… salvo en mis recuerdos, claro.
No pude más. La única persona que me habría comprendido, Alejandrina, la empleada de toda la vida de esa casa, no se encontraba en ese momento. Si hubiese estado, no dudo que ambas nos habríamos abrazado a llorar juntas. Tampoco estaban Antonio (el abuelo) ni Toño (el nieto).
Y estando así las cosas, no quería echarme a llorar. Mi compañero no habría entendido a cabalidad qué me sucedía. En este momento andamos enfrascados en otros planes y proyectos que pertenecen al presente y al futuro, y si bien tenemos ya algún pasado juntos, tenemos también la dicha de que no lo hemos perdido, que sigue anclado en nosotros… y de que ambos seguimos caminando por este mundo.
De modo que sólo acerté a decirle, respirando muy hondo, mirando para otro lado y, como decimos aquí, chupándome los mocos para no llorar:
- Vámonos ya. No aguanto más, la nostalgia me está matando…
Y no, esta historia no tiene moraleja… eso creo. ¿O sí la tiene y no la veo aún?