Exorcismo dental

Cosas de dentista (Leonardo Needham)

A mi hija le encanta ir al dentista. Siempre sale con alguna chuchería que le regalan por “haberse portado bien”: no sabe la suerte que tiene. Afortunadamente, en sus ocho años de vida, nunca ha sentido dolor ni le ha tocado ninguna mala experiencia en ese sillón dental que a mí hasta ahora me da pánico. Es que mi experiencia al respecto fue muy distinta.

Debía tener seis años cuando un molar muy cariado me empezó a molestar. No recuerdo cómo fue que llegó a ese estado tan lamentable ni cuánto tiempo pasó en ese plan: pero llegó el día en que se infectó y amanecí no sólo con dolor, sino con la mejilla caliente, enrojecida e hinchada como cachete de hámster.

Ni modo, mis padres se echaron a buscar dentista para la nena. Y resultó que la esposa del pediatra acababa de poner su consultorio al lado, así que allí recalamos.

- ¡Ay, pobrecita, su carita! Vamos a sacarle esa muelita para que ya no le duela…

Yo nunca había estado en un sillón dental y no sabía qué esperar. La dentista me puso el jeringón de anestesia para la extracción. Pero por alguna razón, quizás por lo grave de la inflamación, supongo, no llegó nunca a hacer efecto del todo. A pesar de eso, la muy jijuna me sacó de todas formas la muela, mientras yo, que no era para nada una nena llorona, pegaba de alaridos del dolor y casi me desmayo. Salí de allí temblando. Pero al menos ya se había terminado.

En fin, el caso es que a pesar de que cuando pasa el tiempo y ya se es adulto uno racionaliza las cosas, nunca me pude quitar de encima ese pánico al consultorio dental que me quedó luego de semejante experiencia: un pánico tan extremo que me he pasado el resto de mi vida buscando pretextos para posponer o o no ir a mis citas dentales, a menos que fuera ineludible. Lo cual era dentalmente suicida, porque resultó que de niña me dieron tantas y tan frecuentes dosis del antibiótico tetraciclina (en esa época no se sabía de sus efectos secundarios) que me quedó una dentadura muy propensa a tener problemas.

Pero no hubo más traumas hasta la extracción de una de mis muelas de juicio, a mis 20-y-algo años. El procedimiento se complicó y hubo que sacar también el molar adyacente. Pese a todo, la anestesia estuvo muy bien y no sentí absolutamente ningún dolor… nada más el mentalmente perturbador crujido de cuando me abrieron el hueso para sacar las malditas muelas.

Me quedó un cráter enorme. Me lo cerraron con cuatro puntos, y me mandaron a mi casa diciéndome:

- Descansas este fin de semana y el lunes ya estarás como un cuete para ir a trabajar. Si te duele, te tomas un naproxeno de 500mg.

Si te duele… Apenas se me pasó la anestesia empecé a ver a Judas calato y a la p*ta madre que lo parió bailando la conga en la Vía Láctea. En cuanto a lo de ir a trabajar… estuve postrada en cama, con la cara hinchada, sin poder abrir la mandíbula, sobreviviendo con antiinflamatorios, inyecciones de Tramadol y una bolsa de hielo en la cara, hasta el día martes.

Años después, durante el embarazo y lactancia, también tuve muchísimos problemas dentales. Ya perdí la cuenta de cuántas curaciones y endondoncias me han hecho en total. Ninguna particularmente dolorosa, salvo una endodoncia que me hizo llorar en el sillón, mentarle la madre a la dentista y rogarle a Dios que le diese una muerte lenta y dolorosa.

Por tooodo eso, cuando hace un par de semanas un dentista de la clínica me dijo que la culpable de ese dolor que me había torturado durante todas las Fiestas Patrias era una muela del juicio rota y que no había más que sacarla… casi me muero del susto. Literalmente.

Con todos mis antecedentes odontológicos, en mi mente la sumatoria infección + muela del juicio + fractura + extracción + 45 años me hacía presagiar lo peor. Me moriré en one, pensé, ¿Por quééééé? Prefiero un parto vaginal de trillizos sin epidural.  No importaba lo que me dijeran para calmarme o cuánto tratase yo de objetivar la situación; me estaba muriendo de miedo. Tanto, que hasta le pedí a mi madre que me acompañase, por si acaso saliera yo con los pies por delante, o en un estado tan lamentable que no pudiese ni pedir un taxi. Pero no hizo falta. Debo decir que la profesional que me atendió no sólo hizo un trabajo de primera (no sentí absolutamente nada de la extracción) sino que fue muy compasiva e hizo todo lo posible para tranquilizarme y que no me diera un ataque de pánico… y es que tan era evidente que yo estaba temblando del puro susto! En fin… me extrajeron la muela, sobreviví y salí caminando, aunque de todos modos, estando con la boca llena de gasas y algodones, resultó mejor que mi madre se encargase de hablar con el taxista. Gracias, mamá…

Esta última experiencia ha sido como un anticlímax. Lo mejor de todo fue que a los dos días ya me sentía bastante bien. Lo que voy a decir ahora es totalmente anticientifico pero es 100% lo que siento: fue una “cura de burro” para la fobia al dentista (de allí el título “Exorcismo dental”). Salvando las distancias, me imagino que algo así debe sentir el condenado a muerte al que le conmutan la pena. Y creo que he agotado mis reservas de miedo al dentista para los próximos diez años… por lo menos. Así que estoy aprovechando para arreglarme otros dientes, cosa absolutamente necesaria y largamente postergada.

No hay moraleja… creo. ¿O sí la hay…?

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9 comentarios en “Exorcismo dental

  1. Ayyyyy Danza… que horror sufrir ese dolor.
    Hace poco pasé por lo mismo, un horrible dolor por una muela mal curada que terminó en una endoncia que se prolongó por mas de dos meses de citas todos los fuckin’ lunes… hasta ahora les debo plata, si ellos se demoran pues yo también!! jajajajaja

    Ahora, las extracciones de las muelas del juicio no fueron tan traumáticas. Es más, las intercalaba con curaciones de caries y la verdad prefería que me sacaran las muelas. Logré salvar tres de cuatro, un milagro y hasta ahora espero hacerme mi collar (recuerdo que hasta lo posteé)

    ¡Bien por el exorcismo!

  2. También prefiero un parto sin epidural a una visita al dentista. El sólo escuchar ese sonido macabro del taladro, me pone la carne de gallina.
    En el dolor, hermanas. :P

  3. La moraleja puede ser cuida tus dientes hasta el límite de la exageración. Tal vez así reduzcas las posibilidades de tener que pasar de nuevo por ese sufrimiento del que nadie se libra..

  4. Felicitaciones por el exorcismo. Eso vale.
    También en una endodoncia me hicieron llorar de dolor pues según el dentista idiota “mejor trabajaba sin anestesia!!!! No regresé mas y cambié de dentista… No me traumé, pero reconozco que cada vez que lo recuerdo, lo vuelvo a put…….ear.
    Yo creo que hay de todo y tal vez sea mejor preguntar bien antes de escoger un dentista bueno y que además trate bien……. Creo que eso es en todo, no es asi????

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