La menopausia, ja ja.

El tiempo vuela. Parece que apenas hace un par de semanas estaba lidiando con mi pubertad, y resulta que ya estoy pasando por mi menopausia. Aunque yo siempre dije que esta etapa es nada más que “una pubertad al revés”, la realidad me ha mostrado que no es tan así, que tiene sus peculiariades muy propias.

Siempre mirando adelante, nunca hacia atrás... como no sea para mirar lo logrado en la vida :)

A diferencia de la pubertad, que se asocia comúnmente a conceptos que nuestra sociedad rodea de signo positivo (crecimiento, pasar de la infancia a la adultez, fertilidad, etc.), a la menopausia se le dan connotaciones negativas (esterilidad, no-productividad, decadencia, vejez, etc.) y no tiene ningún tipo de “ritual de paso”. De hecho, se habla muy poco de ella, o se habla en voz baja…. salvo para enyucarnos (vendernos) productos para la incontinencia urinaria, cosméticos, cremas faciales, vitaminas, suplementos, etc.

Suena a que alguien se preocupa por las mujeres mayores, ¿no? Pero no, no se confundan, no es el amor al chancho, sino al chicharrón. Algo se ha avanzado, sí… pero no el sentido de valorar la menopausia como una etapa más de la vida, sino en el de vendernos productos y servicios que supuestamente nos permitirán seguir ejerciendo como objetos del deseo sexual masculino. Allí tienen toda la publicidad en TV de lubricantes vaginales, por ejemplo.

En los hechos, en la mentalidad colectiva, sigue muy arraigado el concepto de que la menopáusica pasa a ser una vieja histérica a la que ni vale la pena escuchar. Anda a cuidar a tus nietos le dicen a la mujer mayor. No se la contrata para empleos; se prefiere a trabajadoras jóvenes.  El hombre puede estar canoso, panzón, arrugado y seguir siendo considerado “un tipo interesante”: a la mujer se la bombardea con mensajes tipo  Opérate la cara, hazte la lipo, levántate las tetas, usa el lubricante “X” o tu hombre te dejará por alguien más joven / o no te contratarán por vieja. Si se le ocurre dejarse ver en público con un hombre joven, así sea sólo un amigo, se da por sentado que busca sexo, y peor aún si admite tener una relación con él; es una “cougar”, etc. (pero claro, si un hombre mayor sale con jovencitas, nadie se queja). Y si una está cansada o de mal humor, bingo, ¡claro! ¡está con la menopausia!”.

Estas y otras cosas nos ponen cara a cara con el hecho de que, al menos en nuestras sociedades, sigue muy vigente el prejuicio de que, una vez que una llega al final de su ciclo reproductivo, una vez que se deja der ser una mujer joven, un útero potencialmente fértil, también se deja de ser considerada socialmente útil. A menos, claro, que pueda seguir sirviendo de compañera sexual del macho. Yo no me opongo al hecho en sí de ser “compañera sexual del macho”: las mujeres somos también hembras, y bien que nos gusta disfrutar de nuestros compañeros. Lo que me subleva es que el único “valor social” que se nos asigne sea el relacionado con el “servicio al macho”. Porque al final, mucha propaganda y mucho rollo de libertad y tal, pero en realidad no se habla del placer de las mujeres, y menos aún el de las mayores. Y por supuesto, en este contexto social, las menopáusicas lesbianas o no existen o son invisibles: eso de darse placer entre hembras no conduce a la reproducción y por lo tanto resulta socialmente inútil entre las jóvenes, y más aún en las mayores… en fin.

Volviendo al tema, creo que como sociedad tenemos mucho que aprender de otras sociedades a las que consideramos primitivas, pero que valoran mucho más a la mujer mayor y al aporte que su experiencia vital puede significar para la familia, para el ámbito laboral, para las mujeres más jóvenes y para la sociedad en su conjunto.

En cuanto a los médicos, no sólo no se toman para nada en serio ni la menopausia ni a la mujer menopáusica, sino que ni siquiera se les ocurre pensar que una puede necesitar, como mínimo, hablar con un especialista acerca de lo que puede esperar del proceso y cómo encararlo. Pero lo más probable es que se encuentre con lo que me sucedió a mí; que si una no insiste mucho, los médicos ni caso nos hacen. Total, si sólo somos unas histéricas menopáusicas

Y el hecho innegable es que, por más positivamente que una se tome esta etapa, nuestros cuerpos experimentan cambios y síntomas físicos muy concretos. Sospecho que los propios ginecólogos tampoco saben gran cosa sobre la menopausia. Eso, o andan anulados por sus propios prejuicios sociales sobre el tema. O quizás más rentable les resulta enfocarse en atender cesáreas programadas.

Y dicho sea de paso: para las adolescentes hay servicios y programas especiales de salud reproductiva. Para la mujer mayor y sus situaciones de salud no sólo no hay unidades especiales de atención, sino que por quítame allá estas pajas se le sugiere una histerectomía. A las mayores, mejor quitarles el útero de una vez para que ya no hagan perder más tiempo a los servicios médicos y a los colectivos feministas que viven de repartir anticonceptivos a las jovencitas.  El mensaje implícito que recibimos es: háganse un lado, señoras, que resulta más rentable y prioritario atender a las jóvenes.

Si hasta las propias organizaciones feministas prefieren ocuparse de las mujeres jóvenes, ¿qué se puede esperar de los médicos…? (suspiro). Hace ya poco más de dos años que empecé con ciertos desarreglos y malestares. Me hicieron un perfil hormonal, y a un médico X le daban chiripiorcas en su silla al intentar explicarme:

- Señññññññora… esteeeeeeee… a partir de cierta edad (MIRANDO AL TECHO) empiezan a producirse cambios en el ciclo menstrual (FROTÁNDOSE LAS MANOS) y eso no se sabe cuánto puede durar… (MIRANDO AL SUELO).

- Entiendo doctor, es decir, estoy empezando mi menopausia, ¿cierto?

- ¡Señora (PEGANDO UN RESPINGO EN SU SILLA) nooooooo, no se apresure! Todavía es un poco prematuro pensar en la menopausia… (ETC).

- (!!!!!!!!!!!!).

Total, ¿en qué quedamos? ¿El tipo suponía que me iba a dar un ataque de histeria si me hablaba de frente de menopausia, o qué? Exijo una explicación… Bueno, entre idas y venidas, lo que saqué en claro tras interrogar al hueveras del matasanos fue que, simplemente, lo que indicaban los análisis era que yo andaba ya con las hormonas muy descompensadas y que las probabilidades de que ovulara cada mes en forma natural eran de mucho menos del 5%. Ningún drama; lo normal para mi edad. Se llama perimenopausia, es una fase que puede durar, dos, tres, cinco años.

Cada mujer es distinta, cada menopausia es distinta, y no quiero generalizar. En mi caso particular, lo que más me molestaba era una sensación constante de cansancio absoluto, de agotamiento físico y mental totales, no importaba cuánto durmiese, o cuántos suplementos de polen, ginseng o vitaminas tomase. Pero lo que más me perturbaba la vida diaria era que los desarreglos generados por el “baile hormonal” se convirtieron primero en sangrados constantes… y luego en megahemorragias muy copiosas en cualquier momento del ciclo, que obviamente me dejaban hecha polvo. Hubo días en que tuve que ir a trabajar, literalmente, usando pañales, porque no había otra forma.

Pero más allá de lo cotidiano y de lo anecdótico, esto me iba creando otro problema. En cada análisis de sangre que se me hacía, cada vez me bajaba un poco más la hemoglobina, muy lentamente, gradualmente, pero consistentemente. Yo ya tuve anemia de jovencita y reconocía los síntomas (fatiga fácil, somnolencia, irritabilidad, sofocación), pero… los médicos ni me hacían caso ni me daban ninguna opción. Cada nuevo médico que me veía en el servicio de Ginecología era lo mismo:

- Los desarreglos hormonales son normales a su edad.

- Pero doctor, ¡por lo menos recéteme hierro!

- Con su nivel de hemoglobina no está indicado aún tratamiento, sólo aliméntese bien.

- Pero doctor, ¡yo me siento cada vez más agotada!

- Bueno… a su edad, cuando este tipo de sangrados bajan mucho la hemoglobina, la indicación es histerectomía, pero aún no llega usted a ese punto. No hay nada que hacer, (!!!!!) vamos a esperar y ver cómo evoluciona.

- (¡Plop!)

Fue más o menos la misma escena y el mismo diálogo con varios “profesionales” que consulté. Al final lo entendí perfectamente. Lo que ellos querían “esperar” era que se me bajase la hemoglobina al suelo, lo que querían “ver” era mi debilidad lo suficientemente “evolucionada” como para “necesitar una histerectomía“. Estaba muy claro: para estos médicos cuchilleros, una cirugía es más ganancia que veinte atenciones en consultorio.

Estando así las cosas, yo, que soy tan anti-medicalización innecesaria que en su momento rehusé una cesárea y exigí tener un parto natural (no quise ni epidural) terminé echando chispas contra todo el gremio médico, y jurándome que a mí nadie me operaba sin necesidad ni mucho menos me amputaban nada. Me hice el firme propósito de encontrar un (o una) profesional de verdad, que pudiese acompañarme en el proceso de hacerme cargo de mi propio bienestar.

Por mi cuenta, me puse a investigar, y descubrí que en muchos países ya se está reconociendo la deficiencia de hierro como un padecimiento que puede influir significativamente en el bienestar. Empecé a tomar hierro, mientras seguía buscando un médico con el que sí me entendiese, que me viese como una persona completa y no sólo como a un útero con patas, o peor aún, como una potencial histerectomía. Me fue bien con el hierro: tuve alguna mejoría en mi estado general. Pero seguía teniendo hemorragias y aún no alcanzaba un punto de equilibrio.

Tuve suerte. Después de perder tiempo con varios otros médicos, al fin encontré una doctora que se escandalizó por la manera como se había venido llevando mi caso. Después de todos los exámenes para descartar pólipos, fibromas, tumores, etc., me recetó un tratamiento muy sencillo: un anticonceptivo trifásico oral de dosis muy baja. Al poner yo reparos, por mi postura anti-medicalización y anti-hormonas, por los antecedentes de cánceres en mi familia y por mis malas experiencias con anticonceptivos hormonales cuando era joven, me sugirió que los beneficios del tratamiento podían ser mucho mayores que los eventuales riesgos, me aseguró que para minimizar estos últimos llevaríamos un estricto control trimestral… y me dijo categóricamente:

- Señora: lo que no es posible es que usted siga perdiendo sangre de esa manera. Venga dentro de dos meses y me cuenta cómo le fue con estas pastillas.

Después de algunos meses, tengo que decir que la diferencia entre el “antes” del tratamiento y el “ahora” es casi espectacular. Los objetivos concretos del tratamiento, se lograron: no he vuelto a padecer de esas malditas hemorragias. Personalmente, puedo decir que he recuperado mucha calidad de vida… y me han vuelto las energías. Es decir, no es que me sienta como una chica de quince años, pero mis cansancios y fatigas son los normales de una madre trabajadora y multitasking de 45 años, y ya no ese agotamiento físico y emocional tan tremendo que me hacía dormirme en todos lados y sentirme como si estuviera pasando otra vez por una depresión postparto.

Lo único que me da rabia ahora es pensar todo el tiempo que perdí con los médicos cuchilleros, pero prefiero no perder tiempo en lamentos y más bien “seguir p’alante”.

Y me pasé bastante tiempo meditando en si compartiría estas experiencias con mis lectores o no. Por momentos me parecía algo demasiado personal, pero luego me fui dando cuenta de que deben haber por allí muchísimas más mujeres pasando por este momento, padeciendo de la invisibilización a la que la sociedad actual nos somete, del ninguneo y el prejuicio machista de los médicos, o peor aún, de la voracidad monetaria de muchos malos médicos… así que en atención a mis congéneres, con la esperanza de que esta pequeña odisea personal no haya sido en vano y las haga sentir que ni su caso es el único ni están solas, me animé a escribir este post. Ya basta de invisibilizar la menopausia o de verla sólo como un nicho de mercado: es una etapa más de la vida, y como tal, hay que vivirla al máximo.


Autoplagios

Mientras termino mi siguiente post, sobre el inagotable tema de la menopausia, voy dejándoles por aquí unos links de posts míos previos con los que, por alguna razón (o sin ninguna razón, típico en mí, jeje) me he “encamotado”. Son cosas que considero que dan alguna luz sobre lo que es mi vida actualmente, de las cosas que me han pasado y me han hecho lo que soy, los cambios que he atravesado y sigo atravesando, mis reflexiones en este momento de mi vida…. o que simplemente me gustan, pe’, algún problema?

Hasta la próxima!


Esto de enseñar…

Mis padres, maestros, han dedicado toda su vida al Magisterio Nacional, alternándolo sufrida y estresadamente con la actividad privada, porque de algo hay que vivir. Entonces, una de las frases más recurrentes de mi adolescencia, especialmente en la época en que a uno lo bombardean de presiones para elegir a qué se va a dedicar per sécula seculórum, era:

-Hijta, elige la carrera que quieras, lo que sea; si quieres dedicarte a las ciencias o a las letras, o ser artista, te apoyaremos, pero… no se te ocurra estudiar Educación!! Se trabaja mucho y es muy mal pagada!!!

Y esto, viniendo de personas que amaban su trabajo, que tenían cientos de exalumnos que los adoraban,  y que se contaban entre los primeros fundadores del primer SUTEP (el original, no el mamarracho politizado que es ahora) sonaba muy fuerte y caló muy hondo.

Sin embargo, los genes (o el karma) terminan saliendo a la luz en algún momento, y en más de un momento en mi vida he fungido de maestra: animadora de talleres para niños, asistente del coro de niños de Jean, directora del coro de un colegio chalaco, profesora de inglés, clases de música… entre otras cosas.

Tomando lista... la foto la hizo uno de mis estudiantes con su celular :)

Tomando lista... la foto la hizo uno de mis estudiantes con su celular :)

Cuando se presentó la ocasión de dictar clases en una institución superior, dudé un poco, fundamentalmente porque nunca estudié Educación, ni Docencia Universitaria, y también en parte por todo lo que se dice de “los jóvenes de hoy en día”, que si son así, que si son asá, que si… etc. Al final acepté, en parte por que era un trabajo más, en parte por acumular otro logro en mi hoja de vida… y en parte por ver si de verdad el ogro era tan bravo como lo pintaban.

Resultó que sí, pero no, o sea, no pero sí, es decir… que a veces sí y a veces no, pero… OK, los muchachos de hoy son otra generación, han crecido de modo diferente, andan colgados de la tecnología, aprenden de modo diferente, juzgan el mundo de modo diferente, y es lo normal, me parece; es deber de cada generación tratar de escandalizar a la de sus padres. Los jóvenes son el futuro, y ellos lo saben muy bien.

Ellos, como decía Gibrán “habitan en la casa del mañana”, pero al final tampoco son tan distintos de nosotros cuando éramos jóvenes. Fundamentalmente, lo que quieren, como queríamos nosotros, es ser escuchados y sentir que le importan al mundo.

Creo que lo que sucede con algunos colegas docentes muy curtidos es que ya se olvidaron de cómo éramos cuando jóvenes. Sí, a veces la juventud se pasa de “exuberante”, por decirlo de alguna manera, pero creo que es, como diría el Chavito, “sin querer queriendo”. Y parte de nuestro rol es hacerles ver que hay formas de canalizar esa sobrecarga de adrenalina y de ganas de comerse el mundo.

Los mayores tenemos la ventaja de que ya fuimos jóvenes, y de esas memorias alguna idea nos hacemos de cómo piensan y sienten los jóvenes de hoy. En cambio, a ellos que nos han conocido ya “en base cuatro”, mayores, con anteojos, subiditos de peso, canosos y “vestidos de serios”, les cuesta muchísimo imaginarse que alguna vez fuimos tan inquietos, desafiantes e innovadores como ellos.

Al final, esto de enseñar me ha gustado. Hasta el momento, lo disfruto. Y lo que me atrae es justamente eso: el estar en contacto con los espíritus jóvenes. Es una constante gimnasia mental… que también nos mantiene jóvenes. Y como nunca estudié Educación, ante la perspectiva de incursionar en la docencia recordé lo que me dijo nuestro poeta Washington Delgado hace años (en una entrevista que me concedió), cuando se encontraba preparando una historia de nuestra literatura colonial:

- En cuanto a historia, yo no soy un especialista. Y como no soy un especialista puedo proceder en forma un poco divertida, ¿no?.

Parafraseando al vate, al no ser yo especialista en Educación, no sólo puedo, sino que tengo que proceder de otra forma. Aparte de capacitarme y leer mucho sobre docencia, cuando preparo mis clases me imagino que soy una actriz preparando su espectáculo unipersonal para transmitir un mensaje. Pienso que tengo que plantarme ante X personas y mantener la atención de todos… y tengo que tener recursos hasta para saber manejar al que interrumpe la función.

Eso, más recordar cómo hacían los mejores maestros que tuve, más observar atentamente cómo hace ahora gente que enseña y cuya capacidad de “meterse al auditorio en el bolsillo” admiro muchísimo, me han sido de gran ayuda. No sé si esto será muy pedagógico o no, pero como yo tampoco he sido nunca muy “ortodoxa” supongo que me viene bien. Debe ser, porque este enfoque me ha funcionado (eso creo) hasta ahora. El día que no me funcione más, habrá que pensar en otra cosa :)

Uno de mis primeros grupos... después de que aprobaron el curso, claro :)


Pajareando…

gaviotin elegante sterna elegans

Gaviotín elegante (Sterna elegans).

Como dice una vieja canción, “todo empezó / como jugando”. O mejor dicho, literalmente, jugando. Mi hija acababa de cumplir dos años y había descubierto que esas bolitas emplumadas que solemos llamar “pajaritos” trinaban, volaban, se bañaban en los chorros de agua del parque… y estaba fascinada.

A mí también siempre me gustaron los pájaros (en realidad soy muy “animalera”), pero el afán hasta entonces no me daba para tanto. Ella, en cambio, quería verlos de cerca, cogerlos, jugar con esas cosas tan graciosas que parecían peluchitos. Pero obviamente los plumíferos, aunque tengan cerebro de pajarito, no son bobos; de modo que la perspectiva de dejar que mi pequeña vándala se les acercase no les hacía nadita de gracia.

Peor aún si ella se acercaba corriendo, con toda la ruidosa y espontánea torpeza de sus dos años, gritando fascinada y a voz en cuello:

- PAJAIIIITOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!

Más tardaba ella en llegar a “JA” y ya todos los pájaros habían volado.

- ¡BUAHHH! (llanto inconsolable) ¿PO QUE (hipo) SHE FUE (mocos) PAJAITOOOOOOO?, ¡BUAHHH!! (más llanto, hipos y soponcios)

En fin, viendo el Chilindrínico y lastimero llanto de mi retoño se me ocurrió que podría usar el lente zoom y hacer fotos (acercamientos) de los pájaros en cuestión, para que mi hija se consolase. La idea de sustituir al “pajaitoooo” por su foto le gustó… y así fue como empezó nuestra fase de pajareras (“birdwatchers”), es decir, de observadoras de aves.

Mi hija crecía, y juntas poco a pocos fuimos descubriendo factores que atraen a las aves: fuentes de agua (mangueras, piletas, fuentes, estanques, etc.),  ciertas plantas, ciertas flores, ciertos árboles, la mayor o menor presencia de insectos, etc., sobre todo a determinadas horas del día. Datos que nos resultaban muy oportunos para maximizar las probabilidades de encontrar aves para observar y fotografiar.

Descubrimos, por ejemplo, que solamente nuestro árbol de níspero es todo un mundo, concurridísimo durante todo el año: cuando está en flor vienen los mieleritos, cuando ya tiene frutos vienen bandadas de violinistas y de loros, cuando ya casi no quedan frutos y el suelo está lleno de semillas vienen tordos y calandrias… etc. Sin contar con las demás especies menores que vienen a recoger lo que dejaron las aves más grandes o por los insectos que son atraídos por las distintas fases del árbol. También descubrimos que la floración de la sábila atrae a los colibríes… y que estos pequeñines de aspecto tan frágil son sumamente territoriales y “peleoneros”.

Libro "Aves de Lima", para todo interesado en la observación de aves.

Algún tiempo después encontramos que existía una página web llamada “Aves de Lima”, que nos sigue siendo de gran ayuda. Para cuando mi hija tenía cuatro o cinco años apareció el libro de Alejandro Tabini y Juan Pedro Paz Soldán “100 aves de Lima”  y lo compré. Mi hija ya leía un poco, y las fotos le gustaron mucho.

Hoy ella tiene ocho años, estudia el tercer grado, y este libro sigue siendo su texto de referencia en el tema. Obviamente hace mucho que mi hija aprendió, entre otras cosas que todo joven pajarero debe saber, que debe guardar silencio, y ya ha hecho fotos bastante decentes (considerando su edad y lo escurridizas que pueden ser las aves), con la camarita compacta.

Lo que comenzó como un recurso para que dejase de llorar se nos quedó como agradable costumbre: ella mantiene su afición por observar aves, y yo comparto ese gusto.

Mi hija a los 4 años. En El Olivar.

De modo que ahora madre e hija disfrutamos juntas de esta actividad, fundamentalmente en parques, playas y paseos campestres, pero también en el vecindario, donde somos las chifladas que les echan a las aves las migas del pan del desayuno mientras esperamos el bus escolar.

"Botón de Oro" (Sicalis flaveola). Un poco de las migas de pan sobrantes del desayuno los atraen.

"Botón de Oro" (Sicalis flaveola).

Este año nuestras andanzas de pajareras han cobrado una nueva dimensión. Las aves del vecindario parecen haberse dado cuenta de que este par de humanas no representamos gran peligro y que mi casa es una zona bird-friendly… y no sólo tenemos ya pequeñines que no tienen empacho en meterse a mi cocina a buscar sobras aún estando yo allí, sino que hemos tenido nidos (y pichones) de varias especies (Cuculíes, Tordos matorraleros y Violinistas) en los arbolitos de mi jardín… y de más está decir que nos encanta.

Termino este post con un clip de uno de nuestros “inquilinos”, que ya han sacado dos nidadas en nuestro jardín… este es un Tordo de Matorral, que como verán nos regala con su canto melodioso.


Los números de 2011

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog fue visto cerca de 8.200 veces en 2011. Si fuese un concierto en la Ópera, se necesitarían alrededor de 3 actuaciones agotadas para que toda esa gente lo viera.

Haz click para ver el reporte completo.


Recuerdos: Dudó, JAS y otras bandas ochenteras

Hoy, 30 de diciembre, se cumple el primer aniversario de la partida de Bobby Farrell, integrante del mítico grupo de finales de los 70s Boney M. Aunque los temas de este grupo me traen muchísimos recuerdos de infancia (especialmente “Holiday“), si empiezo este texto recordando la muerte de Farrell es porque este aniversario de alguna forma me recuerda que hace muy poco falleció Miguel Tapia (el líder del grupo Dudó) aquí nomás, en Lima, y yo, ingratonaza, no le he dedicado ni una línea al asunto. Mal. #FAIL. Mis descargos: trabajo (seeeee, como si nadie trabajara), final del año escolar (seeeee, como si nadie tuviera hijos), falta de tiempo (claaaaaaro, esa todos la entienden), y claro, a fin de cuentas tampoco era mi amigo personal… y uf, eso sonó peor aún, lo siento.

La verdad de la milanesa es que no me atreví a escribir sobre la partida de Miguel Tapia porque… cuando nos enteramos que se fue  alguien que es de nuestra generación, alguien con quien se comparten amigos comunes, alguien que salió del barrio al igual que uno, que fue líder de una de nuestras bandas locales favoritas, alguien que se atrevió a seguir adelante con el sueño de juventud de muchos de nosotros, pues… a uno se le da por recordar no sólo aquello de que nadie tiene la vida comprada, sino que cualquier día nos puede tocar “entregar el equipo”. Paréntesis: Me parece un poco tonto que se diga que “fulano no tenía que morir”, “era muy joven”, y demás frases por el estilo. La muerte es parte de la vida. Cuando llega, llega, punto. Porque para morirse no se necesitan razones, lo único que hace falta es estar vivo. Por último, como creyente, me parece que mal hacemos en pedir explicaciones o reclamar “satisfaction guarantee” a Dios por algo que nos dio gratis y sin haberlo solicitado… y además tengo por seguro que esta vida en este mundo no es la única. Igual, hay que celebrarla, y vivirla al máximo.

Pero, como siempre que algo me remueve, vuelvo a la música. Hay que celebrar la vida. Me han entrado ganas no sólo de recordar la música de Dudó, sino también de darle gusto a la nostalgia ochentera y reunir en este post algunos de mis temas archi favoritos, de entre todos los que dio la escena pop/rock peruana en esa década, que fue muy rica, musicalmente hablando, pese a la coyuntura política y económica que se vivía. Es muy difícil escoger unos cuantos temas de entre toda la enorme producción que hubo, y el único criterio de selección de temas en este post, te advierto, es mi arbitraria preferencia personal, así que no me fusilen…

Dudó, la banda de Miguel Tapia, era a mi juicio una de las mejores que dio el Perú en esas épocas, una banda que por cierto mereció más apoyo y difusión. No voy a hacerle un panegírico ni a dedicarle una oda a Miguel porque no tuve el gusto de conocerlo más que muy fugazmente cuando yo trabajaba en El Comercio… así que baste con decir que secretamente envidiaba su enorme talento para armonizar. Y que hoy, como siempre, quiero más que nunca sonreír…

En aquella época yo era estudiante universitaria, y cuando el grupo Río lanzó su “Televidente”, me sorprendió muchísimo que una canción con una letra que criticaba tan duramente a la TV lograse poner en rotación su videoclip y hacerlo tan exitoso. Los tiempos cambian: hoy en día la gente anda más enganchada a la internet y a sus smartphones que a la televisión, pero me parece que la TV sigue, tan igual como antes (si no peor), al servicio del sistema comercial. Te quieren controlar / te quieren amaestrar…

Otra banda que me encantaba y que lamentablemente tuvo una vida muy corta fue JAS. Del disco “Mueres en tu ley” salió este tema, mi favorito, “Personalidad”. De JAS me encantaba no sólo ese potente sonido que lograron, sino también la energía que transmitían en escena: incluso fueron teloneros del concierto de Indochine en Lima (1988). Eran las épocas en que Sergio Cava aún no decidía que Fiorella Cava saliese del closet. Aunque ahora, pensándolo bien, quizás sus letras dejaban ya entrever lo que andaba pensando: he decidido seriamente que me voy a rebelar /me voy a rebelar / aunque mañana piensen que me he vuelto un loco / loco loco loco locoooooo…

¡La Banda Azul! Una banda con unos antecedentes bastante enredados, de quienes lo que más recuerdo es “Pronóstico Reservado”, tema divertidísimo e hilarante hasta la pared de enfrente, y cuyo video hasta muchos no-fans recuerdan por las piernas de Nina Mutal (je, je), la misma a quien llaman so cara de dromedario en la canción. Viendo este video me acuerdo que nos vestíamos así… Y valga aclarar que la nuestra era una generación de cambios y en mi juventud la posibilidad de que las chicas “decentes” tuvieran relaciones sexuales era todavía un escándalo (y si no me creen revisen la producción de las poetas peruanas de esa época): entonces, el que se hablase de un embarazo imprevisto de un modo tan irreverente y en una canción tan jocosa, pues nos resultaba genial. Todavía faltaban demasiados años para que llegasen el perrea, mami, perrea  o peor, el chupi chupi… ups, super censurado…

¡Los subtes! ¿Quién no tenía un amigo subte en los 80s? Como estudiantes de Comunicaciones todos conocíamos a uno o varios subtes, fuésemos o no fans. Yo no era particularmente seguidora de la movida subterránea, pero uno que otro tema me divertía, como La Desbarrancada, de María Teta; no se la pierdan, es una sátira mordaz y graciosísima a las niñas pitucas poseras que la pegaban de intelectuales. ¿Qué habrá sido de María Teta? Pero la banda más emblemática de esta movida, para mi gusto personal, fue Narcosis, de la cual recordamos Sucio Policía:  Defiendes a los gobiernos / y políticos que están de turno / cuando ellos solo prometen huevadas / y benefician solo a sus partidos.

En los ochentas vimos las primeras etapas de Miki González. El mismo que hoy nos encanta con sus fusiones electro/folk, en aquellas épocas le entró al pop/rock, y el tema que más me gustó (porque después se fue pacharaqueando hasta que se reencontró con lo mejor que sabe hacer) fue éste, Vamos a Tocache. Además de tocar de pasadita el asunto del narcotráfico (desde ese entonces!) el video es en sí una delicia, pues creo que sigue siendo muy representativo no sólo de una época, sino de la manera de vivir de la gente en estas regiones peruanas.

Debería incluir a “Avenida Larco”, de Frágil, canción emblemática si las hay, punto de quiebre y referente obligado de toda mi generación, aunque no estoy segura de si es de los 80s, me parece más de finales de los 70′s. Sin más comentarios, el tema habla por sí solo…

Hay muchos otros temas más que debería incluir, pero para no hacer un post ya demasiado largo e intragable, me limitaré a cerrarlo con Danai, la primera mujer que en estas tierras se paró a liderar una banda en escena en aquellas épocas, y que pese a su origen chileno hizo historia en el rock peruano. Lamentablemente nos dejó muy pronto: cerramos por hoy con su Maquillaje Sensual, aquí en una versión en vivo en que muestra su calidad y fuerza como intérprete (en internet hay muchos sitios donde pueden bajar la versión de estudio en mp3, rippeada del vinilo).


Cafeteando…

Esto de ser una coffee lover a veces es un problema: creo que el 80% de veces que me sirven una taza de café, ya sea en cafeterías u otros sitios supuestamente especializados o gourmet, no quedo contenta. O no es el punto del tostado, o lo han colado muy rápido, o la molienda no corresponde a la cafetera, la calidad del café es muy ácida, o tiene demasiada agua, o es puro aroma y casi nada de sabor, o lo peor, tiene sabor a cualquier cosa menos a café… etc.

Cafecito...

Hablo por supuesto del café que todo adicto al café prefiere: puro, el expresso, o en todo caso el Americano (mezclado con agua). Porque en todas las demás preparaciones, con tanta crema, esencias, jarabes, etc., que le ponen al café que sirven, no se siente el verdadero sabor; así que en realidad no importa si le ponen café de última calidad.

Y esto lo saben bien algunas de las grandes cadenas de café, que cobran precios bastante altos con el pretexto del fair trade (“comercio justo”, idea buenísima pero que no me consta que de verdad lo apoyen) por servirnos tazas que nos entran por los ojos, decoradísimas de lujo, que quedan preciosas en la foto y que impresionan al cliente con la crema batida y la cerecita para que pague sin protestar, pero que de “buen café” no tienen en realidad mucho. Al menos no para mi gusto. Ya casi prefiero cualquier cafetín de mercado de barrio, donde al menos sabes que no te meterán cuentos, que lo que francamente te servirán es café instantáneo (o el humilde “Cafetal”): sabes qué esperar y no te decepcionas.

Prefiero de largo el café de mis caseritos. Uno me trae café de Quillabamba, y el otro me lo trae desde el valle del Perené. Y cuando no los ubico, o cuando no me pueden traer nada, hay unos cafés que venden en supermercados que son bastante decentes. No son taaaaaan aromáticos, pero el sabor es lo que cuenta (no quiero hacer publicherry a marcas, sólo diré que uno viene en bolsa roja y el otro en bolsa azul). Quedo más contenta, y sin hacer tanta alharaca consumista.

Me gusta el tostado medio, la molienda mediana, y prepararlo yo misma en mi cafetera “prensa francesa”. De este modo puedo, además, hacerlo más o menos cargado, de acuerdo a mi gusto, el momento y mis necesidades. Porque no es lo mismo las 7am que las 2pm o que las 6pm. Y porque cuando estoy en modo escribiente-creativo, puedo beberme varias tazas…

Y sí, el café es otro de esos temas que siempre da de que hablar. O de qué escribir. Aquí tienen un enlace a un post mío (en mi viejo blog) de 2008, acerca del querido cafecito


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d bloggers like this: