Los que ya no están

Tuve un sueño muy extraño y perturbador hace unos días. Aunque no suelo ser supersticiosa, temí por la vida de mi sobrinito Axel (quien, por cierto, continúa grave, pero acaba de ser trasladado al Hospital del Niño). El sueño me dejó de un ánimo tan peculiar que se me dio por releer “Los Muertos” (el cuento de James Joyce) y “Los Otros” (el de Julio Ramón Ribeyro). Me tranquilicé luego al hacer unas llamadas y saber que Axel, si bien no había mejorado, seguía estable.

A los dos días, dirigiéndome a una comisión, sonó mi celular:

– Ha fallecido Jean Tarnawiecki. El velorio es esta tarde.

Tuve que detenerme y sentarme un rato a recuperar la compostura. Quienes han tenido alguna relación con el entorno de los músicos clásicos o con el mundillo coral limeño no necesitan explicación de quién fue Jean. Quienes no sepan nada de ella, necesitarían una larguísima explicación aclaratoria que no estoy dispuesta a hacer ahora. Baste con decir que además de ser la fundadora de muchos coros en Lima fue mi directora de coro durante casi veinte años: y que además era una gran amiga y yo la quería mucho. Sentí que no sólo había perdido a una maestra y a una amiga, sino que toda una era había llegado a su fin.

En la vida hay muchas pérdidas y despedidas, y la muerte es la más tajante de todas. Y aunque es la definitiva, para todos los que se quedan la vida sigue. Hoy salí con mi Enana de compras navideñas. Regresamos, y pusimos al azar un disco de villancicos. Sonaron los primeros compases de “Deck the halls” y en mi mente se agolparon los recuerdos felices de los muchos (muchísimos) conciertos navideños en los que Jean nos había dirigido en estos más de quince años… y fue demasiada emoción, que a duras penas pude contener con un nudo en la garganta.

Y es que además la cercanía de la Navidad siempre me hace recordar (al menos es mi caso) a los que ya no están físicamente entre nosotros. Parientes, amigos, los lazos del corazón no hacen distinciones. Recuerdo a mi profesor Chacaltana, mi guía en de mis primeras escaramuzas literarias escolares, y el primero que me hizo pensar en dedicarme a escribir en serio; a mi abuela y a mi tía Anita, ambas consumidas por el cáncer con menos de un año de intervalo entre una y otra; mi primo Manuel, tan alegre, víctima de un brutal asalto; o a mi prima Ivonne, aguerrida aliancista que no pudo ganarle el partido a la hepatitis C. Todos ellos siempre siguen siendo ausencias muy sentidas en fechas como éstas.

Y entre los compañeros y amigos que no alcanzaron a tener la edad que tengo yo ahora puedo nombrar a Jaime, alumno número uno del colegio, quien no pudo terminar quinto de secundaria; Dorita, compañera de universidad, a quien el asma le hizo una muy mala pasada; Adela, víctima de un absurdo coágulo cuando apenas había cumplido 20 años; Yolanda, extraordinaria cantante lírica, que regresó de sus vacaciones en Miami metida en un féretro; Carlos, director de coros, derrotado por un virus extraño; Mario, pianista virtuoso vilmente traicionado por su propio cerebro; Jessica, transportada instantáneamente a la eternidad por un resbalón en la ducha; o mi amigo Ernesto, amigo de juventud, cultísimo hasta la erudición, hábil periodista y ejemplar padre de familia, abatido por la misma enfermedad que se había llevado a su padre. Y aún falta mencionar a Andrés, blogger amigo (virtual o realmente) de muchos de nosotros.

Aunque para nosotros los creyentes la muerte es el momento del nacimiento a la vida eterna, del encuentro con Dios, como seres humanos tenemos la sensación instintiva y primordial de que la muerte es el fin de todo… y la sensación de pérdida que nos deja es abrumadora y dura mucho tiempo. El consuelo tarda mucho en llegar.

No es mi intención hacer una gran reflexión filosófica acerca de la muerte ni armar de si existe otra vida después de ésta. Sólo quería recordar unos momentos a los amigos, a los maestros, compartir con ustedes mi memoria de todos aquellos que de una u otra manera dejaron una huella en mi vida… y reflexionar en lo valiosa y frágil que es la vida, que en cualquier momento se puede terminar, ya sea uno joven o viejo.

Y en homenaje a esas ausencias físicas que hoy son más bien memorias muy presentes, es bueno darnos cuenta del privilegio que tenemos no sólo por estar vivos, sino por poder todavía tener la compañía terrenal de las muchas personas (familia, parientes, amigos, como dije, los lazos del corazón no hacen distingos) que amamos. Y de festejar la continua llegada de nuevas vidas a las cuales amar y celebrar (sí, saludos y felicitaciones, Abel.).

Saludos… y abracen a los que tienen cerca.

Anuncios

7 comentarios en “Los que ya no están

  1. Es triste el perder fisicamente a las personas que amamos, por el hecho de no tenerlas cerca y en estas fiestas mucho más, pero debemos estar preparados para vivir la muerte como algo normal, ya que es la consecuencia natural de haber nacido.
    Reflexiones como las tuyas hacen que las personas amadas puedan seguir viviendo gracias a que las recordamos.
    Espero que Axel pueda salir adelante lo más pronto posible.
    Cariños

    Me gusta

  2. Es triste cuando alguien querido parte, y peor aún cuando parte antes de tiempo. Pero como dices la vida continúa y hay que agradecer y celbrar la vida.

    Un beso y las mejores vibras para que mejore tu sobrinito.

    Me gusta

  3. Me ha encantado leerte y encontrar que Ernesto sigue vivo en el recuerdo de quienes lo conocieron. Gracias por mencionarlo con tanto cariño.

    Me gusta

  4. Creo que Ernesto es el hijo del locutor que también tuvo alguna participación en TV?

    En fin, por estas fechas uno siempre le da espacio a la nostalgia y al recuerdo de la gente ue ya no nos acompaña. Eso sí, no me incluyas ni de bromas en tus sueños pues como dice mi tio Lalo Archimbaud, eso significa que Papalindo ya me rankeó!!!!!!!

    Un abrazo

    Schatz

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.