Human nature: Sting, la música, el sexo y mis recuerdos

3-discos-del-post.jpgHace hace algunos meses, cuando me enteré que Sting había grabado un album de música renacentista, confieso que lo primero que pensé fue “¿what? ¡plop!”. No porque no conociera ese tipo de música, sino exactamente por lo contrario: porque la conozco bastante bien. De modo que lo único que pensé inicialmente fue que este CD sería una extravagancia más del actual cultor del sexo tántrico.

Pero poco después, mientras rebuscaba en la sección Clásicos de Phantom, me encontré con este CD, titulado “Songs from the labyrinth”. Para empezar, estaba dedicado a la música de John Dowland, uno de mis favoritos del Renacimiento inglés, al que yo solía apodar “el Serrat Isabelino”; y en segundo lugar, la edición es de la Deutsche-Gramophone, un sello que se caracteriza por su gran seriedad y profesionalismo. Si ellos habían editado eso, de repente valía la pena escucharlo. Miré el CD, y el CD me miró: estás frita, pescadita. Lo compré.

Obviamente, Sting no es un cantante académico sino una voz popular, de modo que tenía mis reservas. Pero escucharlo cantar el pregón inicial de Fine knacks for ladiesmadrigal de John Dowland que describe la filosofía amorosa de un vendedor ambulante– fue, purismos aparte, todo un flashback a mi primer año de universidad:

Fine knacks for ladies / cheap, choice, brave and new!! (1)

Corría el año de 1983 y cursaba Estudios Generales. Como profesor de historia en todo ese primer año tuve a Fernando Rosas Moscoso, brillante historiador y mejor maestro. Previendo que abordar sin preámbulos el materialismo histórico sería pedir demasiado a los calabazones cachimbos universilimeños, nos asignaba trabajos originales y divertidos que terminaban motivándonos a estudiarlo todo y sin chistar.

Uno de los que más recuerdo fue aquel en que nos encargó fichar obras literarias de los siglos XIV, XV y algo del XVI, para encontrar en estas lecturas aspectos concretos de la vida cotidiana y costumbres de la época. A cada grupo le tocaba un autor distinto. Y aunque todos rogábamos que nos tocaran Chaucer (“Cuentos de Canterbury”) o Bocaccio (“Decamerón”), en el sorteo a mi grupo le tocó Lope de Vega, del que recuerdo una cita que sigue siendo muy actual: Los servicios personales / son vistos públicamente / y dan del amor señales.

En esas historiosas andanzas estaba, cuando en uno de los primeros ensayos corales a los que asistí nos repartieron esta música:

Compadre, has de guardar / para nunca encornudar:

 

 

si tu mujer sale a mear / sal junto con ella tú (2)

Fue uno de mis primeros encuentros cercanos con el madrigal, forma musical que tuvo su apogeo más o menos en el renacimiento y el barroco temprano, o sea, entre los sigloXV y XVI, la época que estábamos estudiando con Fernando Rosas. Curiosamente, a pesar de los siglos transcurridos, las letras de los madrigales, como todas las formas artísticas enraizadas en lo genuinamente popular, conservan mucho de esa vitalidad que les dio origen: siguen siendo música definitivamente popular, fácil de escuchar y hasta divertida. Después de todo, los humanos no hemos cambiado gran cosa. Paré las antenas:

Oy comamos y bebamos / y cantemos y holguemos / que mañana ayunaremos (3)

Según fui descubriendo, el madrigal en su época causó furor. Los había sacros (variante llamada “motete”) y seculares, ligeros y serios, cortesanos y profundos: y el madrigal tuvo una gran difusión por toda Europa, pues en su vertiente más popular permitía cantarle a, como puede verse, temas y asuntos comunes a la condición humana. Recuerdo cómo nos matábamos de risa en la mitad de los ensayos con los disimulados enredos amorosos de la jugadoraza pastorcita rubia Phyllis y su amante:

The shepherds knew not whither she was gone

When he found her, O then they fell a kissing (4)

O más aún, con los sacrílegos asuntos de la pendejerete “Teresica Hermana”:

Si a ti pluguiesse /una noche sola contigo durmiesse.

Una noche sola yo bien dormiría /mas tengo gran miedo que m’empreñaría. (5)

En cada país tuvo características ligeramente diferentes, y claro, reflejaba algo de los temperamentos e idiosincracia de cada región. Poco después de haber descubierto yo esta música no sabía cuál prefería: los apasionados madrigales italianos, los juguetones madrigales ingleses, los enrevesados madrigales franceses o los burlescos españoles.

Tutti venite armati / O forte miei soldati!! (6)

Y en fin, el tema da para largo. Pero no quiero hacer acá un artículo musicológico. Más bien aprovechar estos recuerdos para recomendarles el susodicho disco de Sting, que está muy, muy bueno, con el acompañamiento de Eden Karamazov, considerado o el mejor o uno de los mejores intérpretes de laúd. Y lo que más me agrada de esta grabación es la posibilidad práctica que nos plantea: que no necesitamos tener una voz privilegiada para poder cantar.

Y claro, podemos aprovechar la coyuntura para recordar jocosamente que en lo que respecta a ciertas peculiares conductas humanas, como dice el viejos y sabios refrán, nada nuevo hay bajo el sol

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NOTAS

1) Fine knacks for ladies (John Dowland).

2) Cucú (Juan de la Encina, del “Cancionero de Palacio”).

3) Oy comamos y bebamos (idem.)

4) Fair Phyllis I saw (Thomas Weelkes).

5) Teresica Hermana (Mateo Flecha “El Viejo”).

6) Amor Vittorioso (Giovanni Gastoldi)

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4 comentarios en “Human nature: Sting, la música, el sexo y mis recuerdos

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