Aborto ¿terapéutico? Postura cristiana cuando peligra la vida de la madre

Para todos en general, pero dedicado muy especialmente los que se dedican a calumniar a los cristianos acusándonos de “enviar mujeres a la muerte” o incitando el odio y al repudio hacia los pro-vida lanzando indirectas y mentiras como que para nosotros “la vida de la mujer no vale nada,” va esta esclarecedora nota de ACIPRENSA, la web informativa católica.

Y me tomo la libertad de aclarar algo; cuando hablamos de que peligra la vida de la madre hablamos de peligro REAL de muerte, no de “estrés”, “depresión”, “inestabilidad emocional” ni ninguna otra condición puramente psicológica, que NO son mortales per se y para las cuales hay cantidades de terapias y medicamentos.

Aborto Terapéutico: ¿Qué pasa cuando peligra la vida de la madre?

Por la Dra. Concepción Morales y Adolfo J. Castañeda

¿Qué se debe hacer cuando peligra la vida una madre embarazada?

En primer lugar hay que distinguir entre el mal llamado aborto “terapéutico” y el “aborto indirecto”. El aborto “terapéutico” es un aborto directo porque mata directamente al bebé no nacido como medio para presuntamente salvar a la madre, cuando en realidad hay otras alternativas para salvarla a ella y a su bebé no nacido. Por consiguiente, el aborto “terapéutico”, como todo aborto directo o provocado, es un acto intrínseca y gravemente inmoral, por cuanto constituye la destrucción directa de un ser humano inocente, y por ello no está justificado en ningún caso. En realidad la frase aborto “terapéutico” es una contradicción en términos, porque ningún aborto salva o cura a nadie (que es lo que la palabra “terapéutico” quiere decir).

Distinto es el caso del “aborto indirecto”, que en realidad no es un aborto en el sentido verdadero de la palabra: no es un aborto directamente provocado. Se trata del caso en el que la vida de la madre embarazada corre un peligro inminente, y la situación es tal, que si el médico esperara a que el bebito fuera viable (momento a partir del cual puede vivir fuera del útero con la tecnología disponible), morirían tanto la madre como él, ya que antes de que llegase el momento de la viabilidad, se produciría la muerte de la madre y el bebito moriría también. La situación también es tal que el médico tampoco tiene otra alternativa para salvar a los dos, si la hubiera, tendría que recurrir a ella. Entonces el médico no tiene más remedio que intervenir, tratando siempre de salvar a ambos (al bebé no nacido y a su madre). Si en ese proceso el bebé muere como un efecto no directamente causado ni querido por el médico, entonces no hay por qué culpar a nadie. Se trata de un “aborto indirecto”, y aunque ciertamente es una tragedia, no es algo moralmente imputable.

Obsérvese que no estamos hablando de una excepción a la prohibición del aborto directo o provocado. El aborto directo o provocado no tiene excepción alguna. El caso del que estamos hablando aquí es, como ya hemos señalado, un “aborto indirecto”, tanto en la causa como en la intención. Por consiguiente, se trata de un caso completamente distinto y que por tanto cae fuera de la norma que prohibe, de forma absoluta, la destrucción directa de un ser humano inocente.

Hay que observar también que, en el caso del “aborto indirecto”, no se trata de que el médico escoja entre salvar al bebé no nacido o a su madre, se trata de optar por salvar las dos vidas. Si a consecuencia de tratar de salvar a las dos vidas, muere una, ello no depende de la opción del médico.

(el texto completo continúa en ACIPRENSA)

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