Pajareando…

gaviotin elegante sterna elegans

Gaviotín elegante (Sterna elegans).

Como dice una vieja canción, “todo empezó / como jugando”. O mejor dicho, literalmente, jugando. Mi hija acababa de cumplir dos años y había descubierto que esas bolitas emplumadas que solemos llamar “pajaritos” trinaban, volaban, se bañaban en los chorros de agua del parque… y estaba fascinada.

A mí también siempre me gustaron los pájaros (en realidad soy muy “animalera”), pero el afán hasta entonces no me daba para tanto. Ella, en cambio, quería verlos de cerca, cogerlos, jugar con esas cosas tan graciosas que parecían peluchitos. Pero obviamente los plumíferos, aunque tengan cerebro de pajarito, no son bobos; de modo que la perspectiva de dejar que mi pequeña vándala se les acercase no les hacía nadita de gracia.

Peor aún si ella se acercaba corriendo, con toda la ruidosa y espontánea torpeza de sus dos años, gritando fascinada y a voz en cuello:

- PAJAIIIITOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!

Más tardaba ella en llegar a “JA” y ya todos los pájaros habían volado.

- ¡BUAHHH! (llanto inconsolable) ¿PO QUE (hipo) SHE FUE (mocos) PAJAITOOOOOOO?, ¡BUAHHH!! (más llanto, hipos y soponcios)

En fin, viendo el Chilindrínico y lastimero llanto de mi retoño se me ocurrió que podría usar el lente zoom y hacer fotos (acercamientos) de los pájaros en cuestión, para que mi hija se consolase. La idea de sustituir al “pajaitoooo” por su foto le gustó… y así fue como empezó nuestra fase de pajareras (“birdwatchers”), es decir, de observadoras de aves.

Mi hija crecía, y juntas poco a pocos fuimos descubriendo factores que atraen a las aves: fuentes de agua (mangueras, piletas, fuentes, estanques, etc.),  ciertas plantas, ciertas flores, ciertos árboles, la mayor o menor presencia de insectos, etc., sobre todo a determinadas horas del día. Datos que nos resultaban muy oportunos para maximizar las probabilidades de encontrar aves para observar y fotografiar.

Descubrimos, por ejemplo, que solamente nuestro árbol de níspero es todo un mundo, concurridísimo durante todo el año: cuando está en flor vienen los mieleritos, cuando ya tiene frutos vienen bandadas de violinistas y de loros, cuando ya casi no quedan frutos y el suelo está lleno de semillas vienen tordos y calandrias… etc. Sin contar con las demás especies menores que vienen a recoger lo que dejaron las aves más grandes o por los insectos que son atraídos por las distintas fases del árbol. También descubrimos que la floración de la sábila atrae a los colibríes… y que estos pequeñines de aspecto tan frágil son sumamente territoriales y “peleoneros”.

Libro "Aves de Lima", para todo interesado en la observación de aves.

Algún tiempo después encontramos que existía una página web llamada “Aves de Lima”, que nos sigue siendo de gran ayuda. Para cuando mi hija tenía cuatro o cinco años apareció el libro de Alejandro Tabini y Juan Pedro Paz Soldán “100 aves de Lima”  y lo compré. Mi hija ya leía un poco, y las fotos le gustaron mucho.

Hoy ella tiene ocho años, estudia el tercer grado, y este libro sigue siendo su texto de referencia en el tema. Obviamente hace mucho que mi hija aprendió, entre otras cosas que todo joven pajarero debe saber, que debe guardar silencio, y ya ha hecho fotos bastante decentes (considerando su edad y lo escurridizas que pueden ser las aves), con la camarita compacta.

Lo que comenzó como un recurso para que dejase de llorar se nos quedó como agradable costumbre: ella mantiene su afición por observar aves, y yo comparto ese gusto.

Mi hija a los 4 años. En El Olivar.

De modo que ahora madre e hija disfrutamos juntas de esta actividad, fundamentalmente en parques, playas y paseos campestres, pero también en el vecindario, donde somos las chifladas que les echan a las aves las migas del pan del desayuno mientras esperamos el bus escolar.

"Botón de Oro" (Sicalis flaveola). Un poco de las migas de pan sobrantes del desayuno los atraen.

"Botón de Oro" (Sicalis flaveola).

Este año nuestras andanzas de pajareras han cobrado una nueva dimensión. Las aves del vecindario parecen haberse dado cuenta de que este par de humanas no representamos gran peligro y que mi casa es una zona bird-friendly… y no sólo tenemos ya pequeñines que no tienen empacho en meterse a mi cocina a buscar sobras aún estando yo allí, sino que hemos tenido nidos (y pichones) de varias especies (Cuculíes, Tordos matorraleros y Violinistas) en los arbolitos de mi jardín… y de más está decir que nos encanta.

Termino este post con un clip de uno de nuestros “inquilinos”, que ya han sacado dos nidadas en nuestro jardín… este es un Tordo de Matorral, que como verán nos regala con su canto melodioso.

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