La menopausia, ja ja.

El tiempo vuela. Parece que apenas hace un par de semanas estaba lidiando con mi pubertad, y resulta que ya estoy pasando por mi menopausia. Aunque yo siempre dije que esta etapa es nada más que “una pubertad al revés”, la realidad me ha mostrado que no es tan así, que tiene sus peculiariades muy propias.

Siempre mirando adelante, nunca hacia atrás... como no sea para mirar lo logrado en la vida :)

A diferencia de la pubertad, que se asocia comúnmente a conceptos que nuestra sociedad rodea de signo positivo (crecimiento, pasar de la infancia a la adultez, fertilidad, etc.), a la menopausia se le dan connotaciones negativas (esterilidad, no-productividad, decadencia, vejez, etc.) y no tiene ningún tipo de “ritual de paso”. De hecho, se habla muy poco de ella, o se habla en voz baja…. salvo para enyucarnos (vendernos) productos para la incontinencia urinaria, cosméticos, cremas faciales, vitaminas, suplementos, etc.

Suena a que alguien se preocupa por las mujeres mayores, ¿no? Pero no, no se confundan, no es el amor al chancho, sino al chicharrón. Algo se ha avanzado, sí… pero no el sentido de valorar la menopausia como una etapa más de la vida, sino en el de vendernos productos y servicios que supuestamente nos permitirán seguir ejerciendo como objetos del deseo sexual masculino. Allí tienen toda la publicidad en TV de lubricantes vaginales, por ejemplo.

En los hechos, en la mentalidad colectiva, sigue muy arraigado el concepto de que la menopáusica pasa a ser una vieja histérica a la que ni vale la pena escuchar. Anda a cuidar a tus nietos le dicen a la mujer mayor. No se la contrata para empleos; se prefiere a trabajadoras jóvenes.  El hombre puede estar canoso, panzón, arrugado y seguir siendo considerado “un tipo interesante”: a la mujer se la bombardea con mensajes tipo  Opérate la cara, hazte la lipo, levántate las tetas, usa el lubricante “X” o tu hombre te dejará por alguien más joven / o no te contratarán por vieja. Si se le ocurre dejarse ver en público con un hombre joven, así sea sólo un amigo, se da por sentado que busca sexo, y peor aún si admite tener una relación con él; es una “cougar”, etc. (pero claro, si un hombre mayor sale con jovencitas, nadie se queja). Y si una está cansada o de mal humor, bingo, ¡claro! ¡está con la menopausia!”.

Estas y otras cosas nos ponen cara a cara con el hecho de que, al menos en nuestras sociedades, sigue muy vigente el prejuicio de que, una vez que una llega al final de su ciclo reproductivo, una vez que se deja der ser una mujer joven, un útero potencialmente fértil, también se deja de ser considerada socialmente útil. A menos, claro, que pueda seguir sirviendo de compañera sexual del macho. Yo no me opongo al hecho en sí de ser “compañera sexual del macho”: las mujeres somos también hembras, y bien que nos gusta disfrutar de nuestros compañeros. Lo que me subleva es que el único “valor social” que se nos asigne sea el relacionado con el “servicio al macho”. Porque al final, mucha propaganda y mucho rollo de libertad y tal, pero en realidad no se habla del placer de las mujeres, y menos aún el de las mayores. Y por supuesto, en este contexto social, las menopáusicas lesbianas o no existen o son invisibles: eso de darse placer entre hembras no conduce a la reproducción y por lo tanto resulta socialmente inútil entre las jóvenes, y más aún en las mayores… en fin.

Volviendo al tema, creo que como sociedad tenemos mucho que aprender de otras sociedades a las que consideramos primitivas, pero que valoran mucho más a la mujer mayor y al aporte que su experiencia vital puede significar para la familia, para el ámbito laboral, para las mujeres más jóvenes y para la sociedad en su conjunto.

En cuanto a los médicos, no sólo no se toman para nada en serio ni la menopausia ni a la mujer menopáusica, sino que ni siquiera se les ocurre pensar que una puede necesitar, como mínimo, hablar con un especialista acerca de lo que puede esperar del proceso y cómo encararlo. Pero lo más probable es que se encuentre con lo que me sucedió a mí; que si una no insiste mucho, los médicos ni caso nos hacen. Total, si sólo somos unas histéricas menopáusicas

Y el hecho innegable es que, por más positivamente que una se tome esta etapa, nuestros cuerpos experimentan cambios y síntomas físicos muy concretos. Sospecho que los propios ginecólogos tampoco saben gran cosa sobre la menopausia. Eso, o andan anulados por sus propios prejuicios sociales sobre el tema. O quizás más rentable les resulta enfocarse en atender cesáreas programadas.

Y dicho sea de paso: para las adolescentes hay servicios y programas especiales de salud reproductiva. Para la mujer mayor y sus situaciones de salud no sólo no hay unidades especiales de atención, sino que por quítame allá estas pajas se le sugiere una histerectomía. A las mayores, mejor quitarles el útero de una vez para que ya no hagan perder más tiempo a los servicios médicos y a los colectivos feministas que viven de repartir anticonceptivos a las jovencitas.  El mensaje implícito que recibimos es: háganse un lado, señoras, que resulta más rentable y prioritario atender a las jóvenes.

Si hasta las propias organizaciones feministas prefieren ocuparse de las mujeres jóvenes, ¿qué se puede esperar de los médicos…? (suspiro). Hace ya poco más de dos años que empecé con ciertos desarreglos y malestares. Me hicieron un perfil hormonal, y a un médico X le daban chiripiorcas en su silla al intentar explicarme:

- Señññññññora… esteeeeeeee… a partir de cierta edad (MIRANDO AL TECHO) empiezan a producirse cambios en el ciclo menstrual (FROTÁNDOSE LAS MANOS) y eso no se sabe cuánto puede durar… (MIRANDO AL SUELO).

- Entiendo doctor, es decir, estoy empezando mi menopausia, ¿cierto?

- ¡Señora (PEGANDO UN RESPINGO EN SU SILLA) nooooooo, no se apresure! Todavía es un poco prematuro pensar en la menopausia… (ETC).

- (!!!!!!!!!!!!).

Total, ¿en qué quedamos? ¿El tipo suponía que me iba a dar un ataque de histeria si me hablaba de frente de menopausia, o qué? Exijo una explicación… Bueno, entre idas y venidas, lo que saqué en claro tras interrogar al hueveras del matasanos fue que, simplemente, lo que indicaban los análisis era que yo andaba ya con las hormonas muy descompensadas y que las probabilidades de que ovulara cada mes en forma natural eran de mucho menos del 5%. Ningún drama; lo normal para mi edad. Se llama perimenopausia, es una fase que puede durar, dos, tres, cinco años.

Cada mujer es distinta, cada menopausia es distinta, y no quiero generalizar. En mi caso particular, lo que más me molestaba era una sensación constante de cansancio absoluto, de agotamiento físico y mental totales, no importaba cuánto durmiese, o cuántos suplementos de polen, ginseng o vitaminas tomase. Pero lo que más me perturbaba la vida diaria era que los desarreglos generados por el “baile hormonal” se convirtieron primero en sangrados constantes… y luego en megahemorragias muy copiosas en cualquier momento del ciclo, que obviamente me dejaban hecha polvo. Hubo días en que tuve que ir a trabajar, literalmente, usando pañales, porque no había otra forma.

Pero más allá de lo cotidiano y de lo anecdótico, esto me iba creando otro problema. En cada análisis de sangre que se me hacía, cada vez me bajaba un poco más la hemoglobina, muy lentamente, gradualmente, pero consistentemente. Yo ya tuve anemia de jovencita y reconocía los síntomas (fatiga fácil, somnolencia, irritabilidad, sofocación), pero… los médicos ni me hacían caso ni me daban ninguna opción. Cada nuevo médico que me veía en el servicio de Ginecología era lo mismo:

- Los desarreglos hormonales son normales a su edad.

- Pero doctor, ¡por lo menos recéteme hierro!

- Con su nivel de hemoglobina no está indicado aún tratamiento, sólo aliméntese bien.

- Pero doctor, ¡yo me siento cada vez más agotada!

- Bueno… a su edad, cuando este tipo de sangrados bajan mucho la hemoglobina, la indicación es histerectomía, pero aún no llega usted a ese punto. No hay nada que hacer, (!!!!!) vamos a esperar y ver cómo evoluciona.

- (¡Plop!)

Fue más o menos la misma escena y el mismo diálogo con varios “profesionales” que consulté. Al final lo entendí perfectamente. Lo que ellos querían “esperar” era que se me bajase la hemoglobina al suelo, lo que querían “ver” era mi debilidad lo suficientemente “evolucionada” como para “necesitar una histerectomía“. Estaba muy claro: para estos médicos cuchilleros, una cirugía es más ganancia que veinte atenciones en consultorio.

Estando así las cosas, yo, que soy tan anti-medicalización innecesaria que en su momento rehusé una cesárea y exigí tener un parto natural (no quise ni epidural) terminé echando chispas contra todo el gremio médico, y jurándome que a mí nadie me operaba sin necesidad ni mucho menos me amputaban nada. Me hice el firme propósito de encontrar un (o una) profesional de verdad, que pudiese acompañarme en el proceso de hacerme cargo de mi propio bienestar.

Por mi cuenta, me puse a investigar, y descubrí que en muchos países ya se está reconociendo la deficiencia de hierro como un padecimiento que puede influir significativamente en el bienestar. Empecé a tomar hierro, mientras seguía buscando un médico con el que sí me entendiese, que me viese como una persona completa y no sólo como a un útero con patas, o peor aún, como una potencial histerectomía. Me fue bien con el hierro: tuve alguna mejoría en mi estado general. Pero seguía teniendo hemorragias y aún no alcanzaba un punto de equilibrio.

Tuve suerte. Después de perder tiempo con varios otros médicos, al fin encontré una doctora que se escandalizó por la manera como se había venido llevando mi caso. Después de todos los exámenes para descartar pólipos, fibromas, tumores, etc., me recetó un tratamiento muy sencillo: un anticonceptivo trifásico oral de dosis muy baja. Al poner yo reparos, por mi postura anti-medicalización y anti-hormonas, por los antecedentes de cánceres en mi familia y por mis malas experiencias con anticonceptivos hormonales cuando era joven, me sugirió que los beneficios del tratamiento podían ser mucho mayores que los eventuales riesgos, me aseguró que para minimizar estos últimos llevaríamos un estricto control trimestral… y me dijo categóricamente:

- Señora: lo que no es posible es que usted siga perdiendo sangre de esa manera. Venga dentro de dos meses y me cuenta cómo le fue con estas pastillas.

Después de algunos meses, tengo que decir que la diferencia entre el “antes” del tratamiento y el “ahora” es casi espectacular. Los objetivos concretos del tratamiento, se lograron: no he vuelto a padecer de esas malditas hemorragias. Personalmente, puedo decir que he recuperado mucha calidad de vida… y me han vuelto las energías. Es decir, no es que me sienta como una chica de quince años, pero mis cansancios y fatigas son los normales de una madre trabajadora y multitasking de 45 años, y ya no ese agotamiento físico y emocional tan tremendo que me hacía dormirme en todos lados y sentirme como si estuviera pasando otra vez por una depresión postparto.

Lo único que me da rabia ahora es pensar todo el tiempo que perdí con los médicos cuchilleros, pero prefiero no perder tiempo en lamentos y más bien “seguir p’alante”.

Y me pasé bastante tiempo meditando en si compartiría estas experiencias con mis lectores o no. Por momentos me parecía algo demasiado personal, pero luego me fui dando cuenta de que deben haber por allí muchísimas más mujeres pasando por este momento, padeciendo de la invisibilización a la que la sociedad actual nos somete, del ninguneo y el prejuicio machista de los médicos, o peor aún, de la voracidad monetaria de muchos malos médicos… así que en atención a mis congéneres, con la esperanza de que esta pequeña odisea personal no haya sido en vano y las haga sentir que ni su caso es el único ni están solas, me animé a escribir este post. Ya basta de invisibilizar la menopausia o de verla sólo como un nicho de mercado: es una etapa más de la vida, y como tal, hay que vivirla al máximo.

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6 comentarios en “La menopausia, ja ja.

  1. Y por si acaso, OBVIAMENTE que hay casos en que una histerectomía se justifica plenamente. Hay casos como el de mi abuela, que, estaba llena de fibromas (el mal de la familia!) y llegó el momento en que fue imposible controlar la situación, y llegó desmayada a Emergencia por la hemorragia. Pero en fin, como digo, cada mujer es distinta, y lo que no me creo es que TODAS tengan que pasar por eso…

  2. Gracias por compartirlo, me sentí plenamente identificada contigo, es distinto a la adolescencia y el esfuerzo que realizamos es una locura, todos piden que estemos bien y a veces me pregunto cómo. Me interesa saber más sobre tu tratamiento, tuve algo similar, pero las pastillas que tomaba ya no vienen al Perú, sigue poniendo el link de tu blog en face, super bueno, un abrazo

  3. Been there done that como dicen aca, yo he pasado por las hemorragiAs y mi doc mecreceto esas pastillas anticonceptivad para mayires, good though

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